Apaga luces, cierra puertas interiores y recorre el perímetro de ventanas con una vela estable o un palillo de incienso para observar desviaciones de la llama o del humo. Marca con cinta los puntos donde oscila más, repite en distintas alturas del marco y verifica alrededor de las bisagras. Anota la dirección del viento, temperatura exterior y horario para comparar otra jornada. Si el humo se acelera hacia adentro, prioriza ese lado. Evita corrientes artificiales provocadas por ventiladores o electrodomésticos cercanos.
En ausencia de cámara térmica, usa una hoja de papel ligero para detectar flujos sutiles que doblan sus bordes, y valida con el dorso de tu mano, más sensible a cambios de temperatura. Repite lentamente a lo largo del burlete, del alféizar, de las esquinas y de cualquier unión con sellador viejo. Anota intensidades usando una escala simple del uno al cinco para priorizar. Registra si la pared adyacente se siente fría, porque podría requerir un enfoque combinado entre sellado y cortina térmica efectiva.






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